Hipotecar la casa para montar un negocio: ¿Qué ocurre con la vivienda si el negocio falla?

fuente: pisos.com

Montar un negocio propio es el sueño de muchos trabajadores. De hecho, más de 3 millones están dados de alta como autónomos en la Seguridad Social, pero encontrar financiación no es tan fácil. Es por ello que hipotecar la casa para montar un negocio sea la vía utilizada por muchos emprendedores para disponer de capital al iniciar la actividad. Son varias las ventajas que tiene pedir un préstamo hipotecario para montar el negocio, pero ¿qué ocurre con la vivienda si el negocio falla? La pérdida de la vivienda es la consecuencia inmediata.

El año pasado se practicaron casi 60.000 lanzamientos hipotecarios, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), de los que 18.945 corresponden a ejecuciones hipotecarias por impago de la hipoteca. Cuando se decide hipotecar la vivienda para financiar una empresa es posible perderla si no se pagan las cuotas hipotecarias, por eso hay que tomar algunas precauciones.

Hipotecar la casa para montar un negocio es una operación de riesgo, ya que se pone en juego el patrimonio familiar

Utilizar la vivienda para financiar un negocio es la forma más sencilla de conseguir capital, tanto de forma directa a través de un préstamo, como de forma indirecta utilizándola como aval, pero a la vez entraña más riesgo para el emprendedor. Para “el prestatario es el máximo compromiso, pues está poniendo en juego el patrimonio familiar en el caso de falta de pago”, señala Santiago Cruz, Ceo de Ibercredit. Sin embargo, para la entidad financiera la vivienda es una garantía importante.

Entre las ventajas de utilizar la vivienda como fuente de financiación destaca la posibilidad de conseguir un préstamo hipotecario elevado, necesario cuando se requieren inversiones de mayor cuantía, con un plazo de devolución más largo que un préstamo personal y con un coste inferior. “Nos permite tener una cuota más baja que con un préstamo personal y tener liquidez en el banco”, apunta Ricardo Gulias, Ceo de Tu solución hipotecaria. Aunque matiza que se debe prever que se puede pagar la cuota hipotecaria con otros ingresos si el negocio fracasa. “No debemos poner una cuota hipotecaria pensando que el negocio va a ir bien, sino poniéndonos en el peor escenario”.

Las hipotecas para financiar un negocio son más caras: intereses más altos y plazo de amortización más corto

A pesar de las ventajas que tiene hipotecar la vivienda para financiar un negocio hay que tener en cuenta que las condiciones de estos préstamos son distintas que cuando se destinan a la compra de vivienda. “Solo coinciden en la garantía”, puntualiza Antonio Gallardo, experto en finanzas de iAhorro. Además, en esas hipotecas el interés aplicado es superior, mientras que el porcentaje sobre el valor de la vivienda es inferior. Si para comprar una vivienda se puede pedir una hipoteca por el 80% del valor de tasación, cuando se pide un préstamo hipotecario para emprender no se supera el 60%.

De igual modo, el plazo de devolución es también más corto, puede oscilar entre 12 y 15 años y llegar como máximo a los 20 años, mientras que cuando se trata de la adquisición de una vivienda se conceden hasta 35 años. No obstante, con la entrada en vigor de la ley hipotecaria, aunque en este caso no actúa como consumidor, también estará protegido, según Cruz. “La ley pretende proteger al prestatario que hipoteca un bien residencial en cuanto a la transparencia en el contrato de préstamo”.

Ampliar la hipoteca existente: una solución acertada cuando se necesita menos dinero para montar un negocio

Existe la posibilidad también de ampliar la hipoteca de la vivienda para conseguir financiación. En este caso, hay que tener en cuenta el capital que se necesita y el porcentaje que queda pendiente de pagar de la hipoteca. “Hay que elegir la opción más barata para el cliente”, aconseja Gallardo.

Esto quiere decir que si no se pide un importe elevado es mejor ampliar la hipoteca existente, pero si se necesita mucho capital hay que solicitar una nueva hipoteca cuyo importe dependerá de cuánto capital queda pendiente de pagar de la vivienda. “Si nos queda hasta un 30% del valor de la casa la operación es factible, por encima de esta cantidad es complicado pedir una segunda hipoteca y solo es viable pedir pequeñas ampliaciones”, apunta Gallardo.

Calcular la cuota que se puede pagar con los ingresos del negocio. Es importante no ir justos de liquidez

A la hora de evaluar la conveniencia de hipotecar la vivienda también se debe calcular la cuota que se puede pagar teniendo en cuenta los ingresos. Deben ser cuotas bajas y accesibles para pagarlas con los ingresos generados por el negocio. Si se asume un riesgo alto y las cuotas son elevadas, aumentan las dificultades para amortizarlas ya que al inicio del negocio los ingresos muchas veces no cubren los gastos. “Si el negocio va bien, podremos amortizar la deuda anticipadamente, si va mal, tenemos más facilidad de hacer frente a las deudas”, matiza Gallardo.

La cuota hipotecaria es importante también si fracasa el negocio por eso antes de firmar la hipoteca hay que valorar cómo se podrá pagar la cuota en esa situación. “Si la cuota que nos queda la podamos pagar con un trabajo en el que cobremos el salario mínimo, nos podemos arriesgar”, señala Gulias. No es conveniente tener que pedir otros préstamos para pagar la deuda ni emprender con el dinero justo porque el negocio no se consolidará hasta pasado un tiempo. “Muchos emprendedores se han ahogado en la orilla del éxito por ir justos de liquidez pero habría sido un éxito con un poco más de margen temporal”, según Gulias.

Muy importante: No poner la vivienda a nombre de la empresa, siempre al de una persona física

Para salvaguardar la vivienda en caso de que el negocio no funcione es recomendable que la vivienda no se ponga a nombre de la empresa, sino que se mantenga a nombre de la persona física. “Si la vivienda está a nombre de la empresa será considerada como un activo de la empresa y no como vivienda habitual del consumidor”, explica Francisco Bautista, abogado colaborador de la Asociación de Ayuda al Endeudamiento Familiar.

Al ser considerada como vivienda habitual, Bautista señala que existe alguna posibilidad de mantener la vivienda si se recurre a la ley de segunda oportunidad o por lo menos para permanecer más tiempo en la vivienda antes de que se produzca la ejecución hipotecaria. Otra opción para evitar la pérdida de la vivienda si se produce un vencimiento anticipado por impago de la hipoteca es tener otro inmueble o garantías adicionales para “poder aportarlas a la entidad en caso de impago y de esta forma liberar la vivienda habitual”, señala Cruz.

Si tienes problemas con el pago de la deuda, puedes recurrir a la ley de segunda oportunidad

La ley de segunda oportunidad es un procedimiento concursal que se hace para liquidar bienes con el fin de pagar la deuda. Es posible mantener la vivienda cuando se recurre a esta herramienta siempre que se trate de la vivienda habitual y tenga un valor similar a lo que se debe del préstamo hipotecario. “Si tengo una casa que vale 100.000 euros y un préstamo de 90.000 euros no perderé nunca la casa si no dejo de pagar el préstamo hipotecario, pero si la casa vale 200.000 euros la perderé, porque se puede vender por más de lo que se necesita para pagar el préstamo hipotecario”, explica Bautista.

La ley de segunda oportunidad está integrada por una fase de preconcurso, mediación y concurso, “todas implican la suspensión de todas las reclamaciones económicas, lo que significa que no te pueden embargar la nómina, ni ejecutar la casa”, según Bautista. Esta ley es compatible con las medidas aprobadas para la protección de los consumidores en caso de ejecución hipotecaria porque si se ha aplicado la carencia del préstamo se puede llegar al concurso con el préstamo al día “podemos dejar fuera del concurso este préstamo y cuando termine el periodo de carencia reanudar el pago del préstamo pero con el resto de las deudas exoneradas”. Este procedimiento es cada vez más utilizado por los consumidores para liberarse de las deudas.

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