Fuente: Elpais.com

Casas que piensan por sus dueños

La demanda de sistemas domóticos que convierten a las viviendas en inteligentes repunta tras la crisis

Un sensor avisa de que en la vivienda hay un escape de gas y corta la válvula. Pero si, además, la propia casa sube las persianas para ventilar, corta la corriente eléctrica y avisa al propietario al móvil, deja de ser un mero automatismo para convertirse en algo más. Es una vivienda domótica o inteligente. El problema es que la domótica sigue siendo una desconocida en España y es mucha la gente que continua sin saber qué es y qué puede aportarle. Sirva como adelanto que no se trata de enceder la luz desde el móvil.

Un ejemplo. El propietario llega a su casa y, tras presionar el botón del telemando, la cerradura se abre, la alarma se desconecta, se abre la llave de paso del agua, se conectan los enchufes y el ambientador empieza a pulverizar la mezcla, se pone la calefacción a la temperatura de confort, las videocámaras se sitúan de cara a la pared para garantizar la intimidad y, según sea de día o de noche, se levantan las persianas o se encienden determinadas luces.

Con esta escena cotidiana trata de explicar Enrique Barrera, director gerente de HogarTec, del Grupo Vendomotica, las posibilidades que tiene una casa inteligente. “Se autogestiona haciendo que todos los elementos que componen su instalación funcionen coordinadamente como si fueran parte de un organismo vivo”, cuenta. La domótica es un sistema de control y automatización que permite controlar todos los elementos: alarmas técnicas, ventilación, iluminación, climatización, fachadas, toldos, persianas, cortinas, o energías renovables, añaden en la Asociación Española de Domótica (Cedom).

A simple vista su uso parece demasiado complejo pero su finalidad es justo la contraria. En vez de utilizar cada instalación por separado y multitud de cables y botones, la domótica permite el control de todos los equipos desde un mismo sistema, con una única orden y de una sola vez. “Esto se puede hacer desde una app, un pulsador especial o incluso con la voz. En cada vivienda se diseña el tipo de interfaz a medida”, narra David Alvira, gerente comercial de ID Domótica. Es más, ya existe la posibilidad de integrar de manera inalámbrica, sin cables ni obras, los principales elementos, dice David Batlle, de Domoticus, integrador de sistemas y facilitador tecnológico para viviendas y edificios.

Que un coche ya sea capaz de aparcar solo impresiona. Pero mucho más que una vivienda sea inteligente y tome sus propias decisiones. En el capítulo de seguridad reacciona ante cualquier fallo en alguna de sus instalaciones, como una cisterna que pierde agua, un grifo mal cerrado, un escape de gas, un incendio, o una freidora encendida. Y gracias a la telegestión, la casa informa del suceso a su dueño. El usuario puede conectarse con ella para activar la simulación de presencia o la calefacción o, incluso, abrir la puerta a un familiar que necesita entrar. En eficiencia energética, “pruebas comparativas entre instalaciones demuestran ahorros de hasta el 70% en iluminación y hasta el 40% en climatización”, indica Enrique Barrera. En cuanto a accesibilidad, es posible que la llave y hasta la propia puerta se abran solas cuando una persona con muletas o en silla de ruedas se aproxime.

Para que todo este engranaje funcione como un reloj suizo es importante que cada proyecto sea realizado por integradores, esto es, empresas especializadas en asesoramiento, ingeniería y puesta en marcha de instalaciones domóticas. Solo así se puede evitar los errores del pasado, ya que durante el boom inmobiliario se hicieron trabajos mal ejecutados y de poca calidad que tiñieron de cierta mala imagen al sector. Un sector que vuelve a crecer tras el pinchazo de la burbuja y el cierre de numerosas empresas. Ahora, tanto la demanda como la actividad registran leves repuntes desde hace cuatro años. Según el último estudio de Cedom, la facturación de los fabricantes de sistemas de control, después de bajar a 37,8 millones de euros en 2013, se ha recuperado hasta los 50,5 en 2016. “Las expectativas son positivas, aunque aún lejos de las cifras que teníamos en los años previos a la crisis”, indican. Y no solo en el segmento de casas de lujo. “Estamos viendo un notable incremento de las promociones que incluyen domótica o preinstalación en sus memorias de calidades, incluso en viviendas protegidas”, explica Barrera.

Ahora bien, es importante diferenciar entre un sistema domótico y una aplicación para controlar una bombilla o una persiana. Una persiana inteligente además de comunicarse con el usario a través de una app, se cerrará si este no ha vuelto por la noche o se ha puesto a llover en su ausencia. Entre otros muchos favores.

La domótica es mucho más que el Internet de las cosas (IoT), por el que han apostado gigantes de las telecomunicaciones como Google o Apple y con el que el usuario puede interactuar de manera intuitiva y simple con su vivienda desde su dispositivo móvil. “En el IOT estamos conectados con el elemento o aparato en concreto y aparece la comunicación bidireccional”, dicen en Domoticus. Pero en domótica —que desde hace más de 25 años usa el estándar internacional KNX soportado por más de 400 fabricantes de todo el mundo—, la capacidad de comunicación es solo una prestación más y no debe depender de Internet para funcionar. Aunque, “lo cierto es que el IoT es un gran impulso en la popularización de los sistemas domóticos”, reconoce Enrique Barrera, de Hogartec, firma que además es centro certificado por la Asociación KNX para impartir cursos y formar a profesionales.

¿Y cuánto cuesta la casa fantástica? Depende del número de elementos a integrar y si es un proyecto a medida, una reforma o una obra nueva, o si se trata de un proyecto inalámbrico o cableado, cuenta Batlle. Puede ir desde los 2.000 o 5.000 euros hasta cifras que pueden superar los 150.000 euros. La patronal tiene en su web una herramienta para solicitar un presupuesto y una tabla de niveles para saber qué grado de domotización se le está ofreciendo al cliente y que no le den gato por liebre. Una vivienda solo se considera domótica si alcanza, como mínimo, el nivel 1.

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